Dicen que, si los cuervos desaparecen de la Torre de Londres, el reino entero caerá. Y lo curioso es que nadie lo toma como un simple mito: hasta hoy, hay un equipo encargado de cuidarlos como si fueran parte de la familia real.
La Torre de Londres ha sido de todo: palacio, prisión, fortaleza… y escenario de intrigas que definieron la historia de Inglaterra. Entre sus muros se tejieron tantas leyendas que resulta difícil separar realidad de superstición. Pero los cuervos son diferentes: ellos siguen allí, negros y elegantes, caminando con aire solemne entre los turistas como si fuesen los verdaderos dueños del lugar.
Se dice que fue Carlos II, en el siglo XVII, quien decretó que los cuervos nunca debían abandonar la Torre. La razón era clara: los astrónomos de la época aseguraban que, si eso ocurría, Londres caería en desgracia. Desde entonces, la corona británica se aseguró de que estas aves no solo se quedaran, sino que vivieran con todo lujo de cuidados. Incluso hoy, existe un puesto oficial: el Ravenmaster, el maestro de los cuervos, que los alimenta con carne fresca, huevos y, en ocasiones especiales, un poco de sangre como en los tiempos antiguos.
Lo curioso es que estos cuervos no son meros animales sueltos: cada uno tiene nombre propio, su ala recortada para que no vuelen demasiado lejos, y hasta un carnet de “empleado de la Torre”. Son, oficialmente, los guardianes emplumados del Reino Unido.
💭 Cuando caminas entre ellos, no puedes evitar sentir que te observan con inteligencia. Es un poco inquietante, pero también fascinante: parece que la historia sigue viva, literalmente, a través de sus ojos oscuros.
👉 Cómo verlos tú mismo
- 📍 Dónde: Torre de Londres, junto al río Támesis.
- ⏰ Horario: todos los días, pero te recomiendo ir temprano para evitar multitudes.
- 🎟️ Entrada: alrededor de 30 £, incluye acceso a las murallas y exposiciones.
- 📝 Tip viajero: no intentes acercarte demasiado a los cuervos. Aunque están acostumbrados a la gente, siguen siendo animales de carácter fuerte… y bastante territoriales.

